Volvemos a partir, pues, del supuesto de que todas las semanas se invierten 100 libras esterlinas en el proceso de trabajo. El período de trabajo dura 6 semanas y exige, por tanto, 600 libras esterlinas de cada vez como el desembolso (capital I). El período de circulación es de 3 semanas; por consiguiente, el período de rotación abarca, como en el caso anterior, 9 semanas. Suponemos que durante el período de circulación de tres semanas del capital I entra en juego un capital II, de 300 libras esterlinas. Considerando ambos capitales como independientes el uno del otro, tendremos el siguiente esquema de la rotación anual (véase el cuadro II en la página 255 ). Madrid prostitutas Si nos fijamos en la parte variable de este capital circulante y lo suponemos como arriba, = 100 libras esterlinas, vemos que en una producción normal de mercancías estas 100 libras esterlinas bastarían, con una suma de diez rotaciones, para pagar constantemente la fuerza de trabajo. Aquí, en la producción de dinero, basta con la misma suma; pero las 100 libras esterlinas de reflujo con que se paga la fuerza de trabajo cada 5 semanas no son ahora la forma transformada de su producto, sino una parte de su mismo producto constantemente renovado. El productor de dinero paga a sus obreros, directamente, con una parte del oro producido por él mismo. Por tanto, las 1,000 libras esterlinas invertidas aquí anualmente en fuerza de trabajo y lanzadas por los obreros a la circulación no retornan por medio de la circulación a su punto de partida. www.girlsbcn.com se interrumpe en P, donde las mercancías T y Mp, compradas en el mercado, se consumen como los elementos materiales y el valor del capital productivo; el producto de este consumo es una nueva mercancía, M´, transformada en cuanto a materia y en cuanto a valor. El proceso de circulación interrumpido, D–M, necesita ser complementado por el proceso M–D. Pero, como exponente de esta segunda y definitiva fase de la circulación, aparece M', una mercancía diferente en cuanto a la materia y en cuanto a valor de la primera, M. Por tanto, la serie de la circulación puede representarse así: 1) D–M1; 2) M'2–D', donde, en la segunda fase, la primera mercancía, M'1, es sustituida por otra, M'2, de valor superior y de forma útil distinta durante la interrupción determinada por la función de P, o sea, la producción de M' con los elementos de M, modalidades del capital productivo P. En cambio, la primera forma en que se nos manifestaba el capital (libro I, cap. IV, 1, pp. 110 118), D–M–D' (descompuesta así: 1) D–M1; 2) M1–D'), nos presenta dos veces la misma mercancía. Es, ambas veces, la misma mercancía, en la que se convierte el dinero en la primera fase y que en la segunda fase vuelve a convertirse en una cantidad mayor de dinero. A pesar de esta diferencia esencial, ambas circulaciones tienen de común el que en su primera fase el dinero se convierte en mercancía y en la segunda fase la mercancía en dinero, con lo cual el dinero invertido en la primera fase revierte, por tanto, en la segunda. De una parte, tienen de común esta reversión del dinero a su punto de partida; de otra parte, las identifica también el excedente de dinero que revierte sobre el dinero anticipado. En este sentido, la fórmula D–M... M'–D' se contiene también en la fórmula general D–M–D'. http://www.girlsbcn.com.es Por este procedimiento se obtienen ocho ciclos completos de rotación de un capital de 600 libras esterlinas (I: semanas 1–9; II: semanas 7–15; III: semanas 13–21; IV: semanas 19–27; V: semanas 25–33; VI: semanas 31–39; VII: semanas 37–45; VIII: semanas 43–51), hasta llegar al final de la semana 51. Pero como las semanas 49 51) corresponden al octavo período de rotación, durante ellas deberán entrar en funciones las 300 libras del capital disponible y mantener en marcha la producción. De este modo, la rotación se presenta al final del año, así: 600 libras esterlinas han efectuado ocho rotaciones completas, con un total de 4,800 libras esterlinas. A esto hay que añadir el producto de las últimas 3 semanas (49 51), que sólo representan la tercera parte de un ciclo de rotación de 9 semanas y que, por tanto, sólo añaden a la suma total de rotación la tercera parte de su importe, o sean, 100 libras esterlinas. Por consiguiente, aunque el producto anual de 51 semanas sea = 5,100 libras esterlinas, el capital recuperado por la rotación será solamente 4,800 + 100 = 4,900 libras esterlinas; esto quiere decir que el capital de 900 libras desembolsado se habrá recuperado por rotación de 5 4/9 veces, es decir, un poco más que en el caso I. barcelonagirls Pasemos ahora a la reproducción. Supongamos que el capitalista consume toda la plusvalía d y sólo vuelve a invertir en capital productivo la suma primitiva del capital C. Aquí, la demanda del capitalista se halla equiparada a su oferta. Pero no con relación al movimiento de su capital, pues como capitalista sólo ejerce una demanda equivalente a 4/5 de su oferta (considerada en cuanto a su magnitud de valor; 1/5 lo consume como no capitalista, no en su función de capitalista, sino para satisfacer sus necesidades privadas o sus placeres). Chicas Madrid Los modos como puede invertirse el valor para que funcione como capital, para que deje a su poseedor una plusvalía, son tan diversos, tan múltiples, como las esferas de inversión del capital. Equivalen a indagar las distintas ramas de producción en que el capital puede invertirse. El problema, así formulado, va más allá. Entraña el problema de cómo el valor, aunque no se invierta como capital productivo, puede funcionar como capital para su propietario; por ejemplo, como capital productivo de intereses, como capital comercial, etc. Nos hallamos, pues, inmensamente lejos del objeto real del análisis, a saber, del problema de cómo la división del capital productivo en los distintos elementos que lo forman, prescindiendo de la distinta esfera en que se inviertan, influye en su rotación. Scorts valencia La forma más simple en que puede presentarse este capital–dinero latente adicional es la del tesoro. Este tesoro puede consistir en oro o plata adicionales, obtenidos directa o indirectamente por intercambio con los países productores de metales preciosos. Es el único modo como puede aumentar en términos absolutos el tesoro en dinero dentro de un país. Pero cabe también –y es lo que ocurre en la mayoría de los casos– que este tesoro se halle formado simplemente por el dinero sustraído a la circulación anterior y que reviste la forma de tesoro en manos de algunos capitalistas. Y cabe asimismo que este capital–dinero latente consista exclusivamente en signos de valor –por el momento, prescindimos aquí del dinero fiduciario– o en meros derechos de los capitalistas contra terceros (títulos jurídicos) garantizados mediante documentos legales. En todos estos casos, cualquiera que sea la modalidad que presente este capital–dinero adicional, sólo representa, en cuanto capital en ciernes, simples títulos jurídicos adicionales y mantenidos en reserva de los capitalistas sobre la futura producción anual adicional de la sociedad. Madrid Escorts Goethe es el último alemán que me inspira veneración; él hubiera sentido tres cosas que yo siento; también estamos de acuerdo sobre la “Cruz”... Se me pregunta por qué escribo en alemán, toda vez que en ninguna parte me leen tan mal como en mi patria. Pero ¿quién sabe, en definitiva, si yo deseo ser leído hoy día? Crear cosas en las que el tiempo trate de hincar el diente; aspirar en la forma, en la sustancia, a una pequeña inmortalidad, nunca he sido bastante modesto para exigirme menos. El aforismo y la senten-cia (yo soy el primer alemán que es maestro en este dominio) son las formas de la “eternidad”; ambiciono decir en diez frases lo que otro cualquiera dice en un libro, lo que otro cualquiera no dice en un libro... Chicas de compañía en Cantabria En la sección segunda, hemos analizado el ciclo en su forma periódica; es decir, en su rotación. Expusimos, de una parte, cómo las diversas partes integrantes del capital (capital fijo y capital circulante) recorren el ciclo de las formas en distintos períodos y de distintas maneras. Y, de otra parte, investigamos las circunstancias que determinan la diversa duración del período de trabajo y del período de circulación. Al hacerlo, vimos cómo la duración del ciclo y la relación entre las distintas partes que lo integran influyen sobre la extensión del mismo proceso de producción y sobre la cuota anual de la plusvalía. En efecto, si en la sección primera se examinaron, principalmente, las formas sucesivas que el capital adopta y abandona sucesivamente en su ciclo, en la sección segunda vimos cómo, dentro de este flujo y sucesión de formas, un capital de una magnitud dada se divide al mismo tiempo, aunque en volumen variable, en las diversas formas de capital productivo, capital–dinero y capital–mercancías, de tal modo, que estas formas no sólo se suceden unas a otras, sino que las diversas partes del valor capital global aparecen y funcionan simultáneamente y de un modo constante bajo estas distintas modalidades. El capital–dinero, concretamente, se presentaba bajo una forma peculiar que no se nos había revelado en el libro I. Y descubrimos determinadas leyes con arreglo a las cuales las partes integrantes de un capital dado, partes de magnitud distinta, necesitan ser desembolsadas, y renovada constantemente la rotación, según las condiciones de forma de capital–dinero, para mantener constantemente en funciones un capital productivo de determinada magnitud. puttane Barcelona Embargado por este estado, uno enriquece todo con su propia plenitud; todo lo que ve y apetece lo ve henchido, pletórico, vigoroso, cargado de fuerza. El hombre ebrio transmuta las cosas, hasta que reflejan su propio poder, hasta que son reflejos de su propia perfección. Este no poder por menos de transmutar las cosas en algo perfecto es a lo que llamamos arte. Incluso todo lo que él no es, se convierte en goce propio; en el arte, el hombre goza de sí mismo como de algo perfecto. Es dable concebir un estado contrario, una específica esencia anti-artística del instinto, un modo de ser que empobrece, diluye y atrofia todas las cosas. Y, en efecto, abundan en la historia tales antiartistas, tales famélicos de la vida que por fuerza toman las cosas, las agotan y desnutren. Tal es, verbigracia, el caso del cristianismo genuino de Pascal. No se da un cristiano que al mismo tiempo sea artista..., y no se incurra en la puerilidad de alegar el caso de Rafael o de cualquier cristiano homeopático del siglo XIX; Rafael dijo sí e hizo sí, luego no fue un cristiano... Escort Barcelona El hecho de que todo el mundo reconozca semejante progreso basta, en realidad, para ponerlo en tela de juicio... Los hombres modernos, muy delicados, muy vulnerables, perdidas mil contemplaciones, creemos, en efecto, que esta tierna humanidad que representamos, este acuerdo logrado en la consideración, la solicitud y la mutua confianza es un progreso positivo; que con esto somos muy superiores a los hombres del Renacimiento. Así piensa, porque no puede menos de pensar, toda época. Lo cierto es que debía estarnos vedado situarnos, siquiera mentalmente, en estados de cosas renacentistas; nuestros nervios, y no digamos nuestros músculos, no soportarían semejante realidad. Mas esta incapacidad no prueba un progreso, sino tan sólo un natural diferente, más tardío; uno más débil, más tierno, más vulnerable, del que necesariamente deriva una moral pródiga en contemplaciones. Si descontamos mentalmente nuestra condición delicada y tardía, nuestro envejecimiento fisiológico, nuestra moral de la “humanización” pierde al instante su valor, ninguna moral tiene valor por sí; hasta se nos aparecerá despreciable. No dudamos, por otra parte, de que los modernos, con nuestra humanidad acolchada, ansiosa de no golpearse contra ninguna piedra, seríamos para los contemporáneos de Cesare Borgia un espectáculo en extremo ridículo. En efecto, sin quererlo, somos pintorescamente graciosos con nuestras “virtudes” modernas... La merma de los instintos hostiles y susceptibles de despertar recelo, y tal es, en definitiva, nuestro “progreso”, no es sino una de las consecuencias de la merma general de la vitalidad; salvaguardar una existencia tan condicionada, tan tardía, requiere cien veces más esfuerzo y cautela que antes. Entonces, los hombres se ayudan unos a otros; entonces, cada cual es hasta cierto punto enfermo y cada cual es enfermero. Entonces, a esto se llama “virtud”, entre hombres que conocían una vida distinta, más plena, más pletórica y portentosa, se le habría llamado de otro modo: “cobardía” acaso, “vileza”, “moral de viejas”... Nuestra suavización de las costumbres, tal es mi tesis, y si se quiere, mi innovación, es una consecuencia de la decadencia; la dureza y violencia de las costumbres, en cambio, bien puede ser la consecuencia de un excedente de vitalidad: pues en tal caso mucho puede ser arriesgado, mucho desafiado, mucho también derrochado. Lo que en un tiempo fue condimento de la vida, para nosotros sería veneno... Somos también demasiado viejos, demasiado tardíos, como para ser indiferentes, lo cual es asimismo una forma de la fuerza. Nuestra moral de la simpatía, contra la cual siempre he prevenido, aquello que pudiera llamarse l'impressionisme morale, es una expresión más de la irritabilidad fisiológica propia de todo lo decadente. Ese movimiento que con la moral schopenhaueriana de la compasión ha hecho una tentativa de presentarse envuelto en ropaje científico, ¡tentativa muy desafortunada, por cierto!, es el movimiento de la decadencia propiamente dicho en la moral, y como tal íntimamente afín a la moral cristiana. Las épocas fuertes, las culturas aristocráticas, desprecian la compasión, el “amor al prójimo”, la falta de propio ser y de conciencia del propio ser. A las épocas hay que juzgarlas por sus fuerzas positivas, y entonces aquella época derrochadora y pródiga en fatalidad del Renacimiento aparece como la última época grande, y la de nosotros, los modernos, con nuestro enervado cuidado de nuestra propia persona y amor al prójimo, con nuestras virtudes de la laboriosidad, la sencillez, la ecuanimidad y el rigor científico, recopiladores, económicos, maquinales, como una época débil... Nuestras virtudes están condicionadas, provocadas por nuestra debilidad... La “igualdad”, cierta igualación efectiva que en la teoría de la “igualdad de derechos” no hace más que formularse, es un rasgo esencial de la decadencia; en cambio, la diferencia entre los individuos y las clases, la multiplicidad de los tipos, la voluntad de individualidad y diferenciación, aquello que yo llamo el pathos de la distancia jerárquica, es propio de todas las épocas fuertes. La tensión y envergadura entre los extremos disminuyen ahora sin cesar; los extremos mismos terminan por desdibujarse hasta el punto de confundirse... Todas nuestras teorías políticas y Constituciones, el “Reich alemán” inclusive, son conclusiones, consecuencias lógicas de la decadencia; la gravitación inconveniente de la décadence ha llegado a prevalecer hasta en los ideales de las distintas ciencias. Mi objeción contra toda la sociología inglesa y francesa es que conoce por experiencia únicamente las formas de una sociedad decadente y con todo candor toma los propios instintos de la decadencia como norma del juicio de valor sociológico. La vida descendente, la merma de toda fuerza organizadora, esto es, separadora, diferenciadora, jerarquizante, se formula en la sociología de ahora como ideal... Nuestros socialistas son un montón de décadents; pero también el señor Herbert Spencer es un décadent: ¡juzga deseable, por ejemplo, el triunfo del altruismo. ... girlsbcn Después de este quid pro quo, en que la renta se convierte en la fuente del valor de las mercancías y no éste en fuente de renta, el valor de las mercancías se presenta como “integrado” por las diversas clases de rentas, las cuales aparecen como determinadas independientemente las unas de las otras, siendo el valor total de la mercancía la suma del volumen de valor de estas rentas. Ahora bien; ¿cómo se determina el valor de cada una de estas rentas que en conjunto forman el valor de las mercancías? En el salario, es posible hacerlo, ya que el salario constituye el valor de su mercancía, de la fuerza de trabajo, y este se determina (como el valor de cualquier otra mercancía) por el trabajo necesario para la reproducción de ésta. Pero, ¿cómo se puede determinar la plusvalía, o mejor dicho, en A. Smith, sus dos formas, la ganancia y la renta del suelo? Al llegar aquí, todo se convierte en vacua charlatanería. A. Smith tan pronto presenta el salario y la plusvalía (o bien el salario y la ganancia) como las partes integrantes que forman el valor de las mercancías o el precio, y tan pronto, y a veces casi en la misma alentada, de cada una de estas rentas que en conjunto forman el valor de las mercancías; lo que, a la inversa, quiere decir que el valor de la mercancía es la premisa de la que hay que partir y que diversas partes de este valor dado corresponden, bajo la forma de diversas rentas, a las diversas personas interesadas en el proceso de producción. Y esto no es idéntico, ni mucho menos, a la tesis de que el valor se halla formado por estas tres “partes integrantes”. Si determinamos la magnitud de tres líneas rectas distintas, cada una de por sí, y luego, partiendo de estas tres líneas como “partes integrantes”, trazamos una cuarta línea recta igual en magnitud a la suma de las tres, no es lo mismo, ni mucho menos, que si, partiendo de una línea recta dada, la dividimos con cualquier motivo, la “descomponemos”, para emplear el mismo término, en tres partes distintas. En el primer caso, la magnitud de la línea variará completamente al variar la magnitud de las tres líneas con cuya suma se forma; en el segundo caso, la magnitud de las tres líneas parciales se halla delimitada de antemano por el hecho de ser partes de una línea de determinada magnitud. puta barcelona