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Friday,Oct 14 2005, 05:31:57 AMNada Se Salva Si No Salvamos la Vida
Nada se salva si no salvamos la vida. No puede haber paz en nuestra sociedad ni en el mundo a menos que haya paz en el interior del ser humano. La delincuencia y el crimen son sólo proyecciones de los conflictos que anidan en la intimidad de los hombres y mujeres modernos, ya que nada ocurre en el mundo exterior que no haya sucedido en el interior del hombre.
En anteriores generaciones el hombre se maravillaba de la naturaleza y el orden de los planetas. Quedaba fascinado ante su realidad con una aceptación gozosa de ella. Pero, desgraciadamente, numerosos obstáculos separan al hombre moderno de esa aproximación. Esta antigua aproximación transformaba al hombre en un mero espectador de la realidad. Hoy esta expectación se ha volcado hacia la conducta del hombre ensimismándose, es decir, ya no en las cosas visibles del mundo, sino en las invisibles frustraciones, complejos y ansiedades de su personalidad.
En aquellos tiempos felices, los filósofos discutían los problemas del hombre; hoy por hoy analizan al hombre como problema, y que en el peor de los casos, se ha convertido en material de deshecho.
La humanidad vivía antiguamente en un universo tridimensional, donde desde una tierra en la que el hombre habitaba junto con sus prójimos, miraba hacia arriba, al Cielo, y hacia abajo, al infierno.
Pero el cientificismo moderno ha convertido al hombre, ya no en su beneficiario último, sino en su instrumento de utilización; el eficientismo ha convertido al hombre en un objeto de producción excluyendo a aquellos que no llenan estas expectativas; el hedonismo que busca el placer a través del placer mismo lo lleva a evitar a toda costa el dolor que invita al hombre a la reflexión y al cambio; y el egoísmo conduce al hombre a apropiarse de la mejor tajada del pastel.
Estos obstáculos han reducido la visión del hombre a una sola dimensión: A la dimensión horizontal y limitada de la superficie de la tierra; una planicie donde nos movemos, no ascendiendo ni descendiendo como en épocas anteriores, sino sólo a la izquierda o a la derecha. El hombre moderno ha limitado sus horizontes de manera definitiva. La gente siente ahora, que está encerrada dentro de sí misma y que es su propia prisionera.
Y siendo la justicia parte integral del hombre, ella no ha quedado fuera de esta forma de ver la vida y su contexto unidimensional.
Por encima del individuo, descubren en vez del Cielo, un control social formal impuesto por el Estado a través de sus instituciones y leyes que definen lo que es delito y el tratamiento que debe darse a quienes quebrantan la ley, pero que en la práctica constituyen instituciones infestadas de corrupción y que pierden su objetividad al no perseguir el delito, volcándose a la persecución de la persona.
Por debajo del individuo, sustituyen el infierno por un control social informal que debiera influir en el individuo interiorizando valores y educándolo en torno a pautas de conducta socialmente aceptadas, pero que en la realidad, este control social informal se encuentra constituido por familias disfuncionales o desintegradas, educación inaccesible y discriminatoria, imposibilidad hacia una inserción laboral y medios de comunicación que venden placer, violencia, inmoralidad y egocentrismo.
De acuerdo con esta concepción moderna de la vida subjetiva, el hombre aparece como cautivo dentro de su propio sistema y como víctima de fuerzas incoherentes que no puede reconocer. Cuando este conflicto de fuerzas incoherentes y deficientes en la práctica, alcanza cierta intensidad en la persona, el efecto es un desborde hacia alternativas delincuenciales y criminales, una fractura en la vida, debido a su bagaje de factores vivenciales frustrados desde una temprana edad y donde se encuentra arraigada la génesis de la conducta delictiva.
Escuchamos frecuentemente los términos de “personalidad criminal” y “tendencia delictiva” pero vagamente profundizamos en esos términos. La sociedad se enfoca en la conducta externa, sin tomar en cuenta la vivencia interna y que ambas conforman el concepto de personalidad.
No sólo el hombre mismo ha sido llevado hacia una represión social por estas fuerzas desbordándose hacia una conducta criminal, sino que ahora, se le ve como el culpable de esa conducta y los males que padece la sociedad; sociedad que ha negado hacerse un inventario moral dejando de ver afuera al culpable ajeno para interiorizarse en su responsabilidad ante el crimen y la delincuencia que a todos nos atañe.
El ser humano no se encuentra determinado por estas fuerzas; puede trascender por encima de ellas. El delincuente no está determinado a seguir siéndolo, requiere de una interiorización en su vivencia que lo lleve a descubrir su unicidad, su irrepetibilidad, su finitud y su dignidad. Al mismo tiempo, la sociedad necesita hacer una introspección de sí misma y buscar elevar su calidad de vida primero, para dictar con el ejemplo, no con la señalización acomodada, irresponsable y no comprometida para cambiar sus mecanismos de control social formal e informal.
No podemos exigir un cambio afuera, si primero no cambiamos desde adentro, no podemos seguir enfocándonos en la conducta sin preocuparnos del cambio de actitud interno que debiera empezar en nosotros, no podemos seguir enajenados de nuestra realidad interna dictando únicamente sentencias de muerte hacia los demás. No podemos dejar de proteger la vida porque el espiral de la muerte, tarde o temprano, nos alcanzará.
Podemos prevenir el delito únicamente en la medida que profundicemos en la herida abriéndola y sanándola. Mientras que sigamos untando la pomada paliativa de la represión, el delito aumentará a un punto que no podamos ya revertir.
Que Dios nos ilumine.
Thursday,Oct 13 2005, 11:34:59 PMCurriculum Vitae
MeJuan Carlos Arrivillaga Barrios
Santa Inés del Monte Pulciano, Casa No. 9, Edif. Tomas Kramer ·Antigua Guatemala ·Tel 5570-7103Información Personal
Estado Civil: Soltero
Fecha de Nacimiento: 25 de Octubre de 1970
Edad: 34 años ...
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