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Tuesday,May 2 2006, 03:28:03 PMLo hegemónico a través del tiempo
El humanismo1 se caracteriza por la revalorización de la dignidad del hombre entendida como fortaleza, potencia inmanente, virtud, grado de excelencia de la voluntad humana. El hombre es definido como HOMO FABER, individuo que encuentra en la libertad interior su máximo poder, transformando su "libertad de" en "libertad para".
El humanismo y posteriormente la ilustración2 exaltan la grandeza del hombre; simultáneamente, le exigen valentía y ánimo constante para alcanzar la perfección de las relaciones sociales. El humanismo y la ilustración se mantienen firmes en su confianza en el progreso de la obra humana, en el pensamiento y en la razón.
La naturaleza a través de la razón es la aspiración de la época: se llega a la verdad, a lo cierto, a partir de la razón y no de la revelación. El hombre puede comprenderlo todo por medio de la razón; sólo es real lo que puede ser interpretado por ésta. Lo que no es racional es falso e inútil y debe ser rechazado.
La razón, a partir de sus dos instancias socializadoras, estado y escuela, propone ubicar al individuo en una perspectiva universal a partir de su descontextualización local y de la abstracción. De esta manera, el discurso de la razón es el discurso hegemónico de la modernidad, contrapuesto al de la Edad Media, donde Dios era principio de las cosas y fundamento socializador de los individuos.
Un discurso hegemónico es aquel proceso social de dar y producir sentidos, el que logra un consenso. Es decir, que alcanza una dirección intelectual y moral de la sociedad, liderazgo usualmente ejercido por las clases dominantes.
Los conceptos base del discurso hegemónico de la razón son contrato y el estado - nación. El primero asumido como una de las figuras de la secularización que establece la necesidad de cumplir las propias promesas, fundamentándose en el principio básico de la simple voluntad de obligarse. El estado – nación, a su vez, como una entidad moral capaz de conferir legitimidad tanto a sí misma como a sus acciones.
Durante el siglo XIX el concepto “progreso” da fundamento a la modernidad; ésta se vuelve movimiento, un cambio que debe ser orientado frente al orden racional establecido: el progreso tiene futuro.
El progreso es el cambio a una dirección deseable en los ámbitos culturales, sociales, políticos y económicos. Está directamente ligado al presupuesto de mundo y al objetivo planteado por los grupos despóticos en sus discursos hegemónicos.
El progreso, como discurso hegemónico del siglo XIX es alimentado por la técnica, un concepto que desde el nacimiento de la ciencia como conocimiento cierto y verificable del mundo físico en el siglo XVII, dio inicio a un proceso histórico en el que Europa Occidental da un paso adelante en relación al resto del mundo. El progreso es principio de evolución y da los fundamentos necesarios para el nacimiento del “Imperialismo Civilizador”, que concibe a Europa como una sociedad más civilizada que el resto del mundo y justifica su poder y dominio sobre otros países.
El cambio de la economía agrícola a la caracterizada por técnicas de fabricación mecanizadas para producir capital a gran nivel3, es uno de los rasgos definitorios del discurso del progreso. Este se autodestruye con las dos guerras mundiales4, fue necesario el reconstruir la modernidad en el periodo conocido como la guerra fría5, durante esos años, la destrucción, el nacionalismo y el racismo fueron de la mano. Se buscan un máximo poder productivo y destructivo; se impulsan desarrollos tecnológicos tales como la bomba atómica, que garantizan la mayor destrucción con el menor esfuerzo.
La recomposición de la modernidad residió en dos religiones seculares, dos cosmovisiones, dos ideologías, a saber: el capitalismo, donde el individuo se asume a si mismo como el heredero directo de la modernidad ilustrada, y el comunismo donde el individuo es y existe en comunidad y cuya principal aspiración es la consecución de un sistema en el que los principales recursos y medios de producción pertenezcan a la sociedad y no a los individuos.
La ideologización de los pueblos es la base del discurso hegemónico. Poder y sentido se unen en los años de la guerra fría; se juega el monopolio del paraíso mundano y la construcción del nuevo hombre.
El papel de la comunicación es relevante en este periodo de ideologías enfrentadas, a través de los media los espectadores reciben una versión unánime del conflicto, la anticomunista.
En este contexto es válido preguntarse ¿Qué rol desempeña el receptor?, ¿Qué mecanismos posee para implicarse en los media? Al respecto, John B. Thompson6 utiliza el término “casi – participación “ para describir los modos en el que el individuo se involucra en los media, específicamente en la televisión. En este proceso carente de reciprocidad y reflexividad, la relación emisor – receptor se caracteriza por ser construida a distancia, donde la identificación y la visibilidad no se dan de manera equitativa, mientras los emisores pueden ser vistos y escuchados, los receptores no, éstos consideran a los primeros “personalidades” con quienes establecen lazos que van desde la simpatía y el respeto hasta el desagrado y el odio. Sobre lo anterior pienso que la intervención del receptor en el proceso televisivo es mínima, por esto el término de “casi – participación” no lo considero apropiado al no haber una reciprocidad clara entre los actores involucrados. Igualmente al detenerme en la expresión “interacción” encuentro que por haber sido utilizado frecuentemente en teorías y estudios sobre comunicación, cualquier interpretación fluida de dicho concepto es imposible.
Enfrentando lo planteado por Thompson con lo discutido en las sesiones anteriores se concluye de manera clara que los media como aparatos reproductores de los diferentes discursos hegemónicos predominantes desde la modernidad, han multiplicado los sentidos implantados por las clases dominantes y conservan las relaciones de poder establecidas.
Es de suponer que inherentes a dichos discursos existen planificaciones y presupuestos estructurados a partir de una realidad determinada, pero desde los inicios de la modernidad, se ha encontrado primero, un divorcio entre lo propuesto y lo logrado y en segundo lugar, una polarización entre un centro tiránico y una periferia subordinada. Al intentar comprender la razón de este progreso desigual, inicialmente nos explicamos que el discurso predominante en la historia no ha sido el de los vencidos, ha sido el de los vencedores y que para éstos son necesarios ciertos desequilibrios si se desea mantener una continuidad en el manejo del poder, pero es necesaria una segunda lectura y ésta a su vez arroja preguntas igualmente necesarias ¿Cuál ha sido el discurso de la periferia? ¿Qué ha ocurrido con los discursos contra hegemónicos?
BIBLIOGRAFIA
CROUZET, MAURICE. Historia general de las civilizaciones. Ediciones Destino,
Barcelona, 1961
DOS SANTOS, THEOTONIO. (Agosto 2003)" Hegemonía y contra -hegemonía",
en Revista El Periodista, año 4, núm. 42, disponible en
http://www.elperiodista.cl/newtenberg/1435/article-36149.html, recuperado: 5 de
marzo de 2006
O' SULLIVAN, TIM. et al. (1995), Conceptos claves en comunicación y estudios
culturales. Amorrortu Editores, Londres, 1995
THINÉS, GEORGES y LEMPE REUR, AGNES. Diccionario General de Ciencias
Humanas. Ediciones Cátedra, Madrid, 1975
THOMPSON, JHON B. Los media y la modernidad. Paidós, Barcelona, 1998
1 Movimiento literario, filosófico y cultural desarrollado en Europa durante los siglos XIV y XV
2 Tendencia en el pensamiento y la literatura Europea y Americana durante el siglo XVIII.
3 Primera Revolución Industrial (Inglaterra, finales del siglo XVIII)
4 Primera Guerra Mundial, 1914 - 1918, Segunda Guerra Mundial, 1939 - 1945
5 Guerra Fría, 1945 - 1997
6 THOMPSON JHON, B. Los media y la modernidad. Paidós, Barcelona, 1998

